FERNANDO SAVATER
De las órdenes que dejó dadas Franco, casi todas ellas duraderas, la que parece más destinada a perdurar es una que transmitió cierta vez a Emilio Romero: "Haga como yo, no se meta en política". Se la suele considerar como una ironía galaica o como exhibición de cinismo, pero en realidad no es sino puro y declarado realismo: y no digo "realismo socialista" porque no quiero molestar a nadie. Franco era realista, a falta de mayores virtudes (aunque hoy tenemos algunos gobernantes que carecen hasta de ésa): sabía por tanto que allí donde manda exclusivamente uno -o unos pocos elegidos- no debe hablarse de política. Las dictaduras sólo pueden hacer política exterior -porque fuera mandan también otros-, pero hacia dentro no hay más que represión de la política, es decir, persecución de los competidores en la facultad de mandar. Y trucos para seguir mandando a pesar de los pesares, como podrán ver si se fijan un poco los que asistan en Pekín a los Juegos de la Villanía Olímpica.
La política (para Franco, para los dictadores chinos, para la familia Castro y para tantos otros) no es más que la actividad sediciosa de quienes se oponen al régimen y tratan de derrocarlo con malas artes, es decir, con artes subversivas que pueden poner en peligro el monopolio antipolítico de la autoridad establecida.
Cuando digo que la orden de Franco de no meterse en política sigue vigente no pretendo insinuar que hoy en España mande sólo uno o sólo unos cuantos, lejos de mi tan comprometedora insidia. Pero creo que aún perdura cierta nostalgia de los tiempos en que las decisiones importantes estaban reservadas a una casta restringida, excluyente y poco acogedora para quienes no tenían debidamente aprobadas las pruebas de acceso.
Ahora la libertad de opinar está reconocida, faltaría más: se puede criticar severamente a quienes gobiernan, a diferencia de la época franquista felizmente dejada atrás. Incluso está comúnmente admitido que se puede despotricar y dar coces contra el aguijón, con todo el estruendo del caso. No son prácticas recomendadas, pero se las acepta como males inevitables que acompañan las sencillas alegrías populares de la vida democrática, un poco como el ruido ensordecedor de los fuegos de artificio es a la vez un inconveniente (y también un aliciente para muchos) de las jornadas festivas en nuestro país propenso a la traca.
Criticar, vociferar, patalear... pues venga, que no falte de nada, también el Gobierno tiene sus adictos dispuestos en los medios de comunicación a devolver como frontones las censuras que se le hacen contra los partidos de la oposición que pudieran beneficiarse de ellas. Pero cosa diferente es que ciudadanos sin mejores títulos políticos (es decir, simples especialistas en obedecer) pretendan con descaro plantear iniciativas y promover acciones que puedan interferir de algún modo eficaz en lo que los especialistas en mandar han acordado entre ellos. Tanto atrevimiento es visto e inmediatamente descalificado como intrusismo profesional por parte de los políticos que manejan el mundo de las decisiones, no ya de las opiniones.
El dicterio que utilizan para derogar esa injerencia resulta cuando menos sorprendente: pretenden insultarla tachándola de "política". No hay nada peor que hacer política o moverse por razones políticas si uno no tiene la debida autorización oficial. Hacer política cuando no es político reconocido equivale a poner multas sin ser guardia municipal: una forma de usurpación. Y de poco sirve recordar a quien corresponda que en una democracia los políticos -no por afición sino por institución- somos todos los ciudadanos.
Se nos dirá entre dientes que puede que así sea en teoría pero que no hay derecho a tomárselo tan en serio en la práctica... fuera de las debidas y reguladas convocatorias electorales. Para hacer política hay que sacarse licencia, igual que para dar de comer los restaurantes londinenses exhiben en la puerta, a fin de evitar problemas legales, su fully licensed.
A los aficionados a las novelas decimonónicas estas precauciones institucionales nos resultan sobradamente conocidas. Son muy similares a las que rodeaban en aquellos días ese otro negocio oscuro y peligroso, el amor.
Tal como la política, el amor es también ardiente y sucio pero imprescindible para el mantenimiento de la sociedad. El amor no es nada de lo que hay que ser: no es objetivo, ni desinteresado, ni equilibrado, ni renunciativo (en amor nadie dice "pase usted primero" salvo los gilipollas y Humphrey Bogart en Casablanca): exactamente igual que el afán político, que comparte esas características apasionadamente viciosas y también lo tempestuoso de sus consecuencias.
Amor y política tienden a la obsesión monotemática, a excluir todo lo demás para imponerse, es decir -en los casos más graves e incurables-, al romanticismo. Como expuso Gregory Vlastos en su excelente estudio sobre la figura de Sócrates (Cambridge University Press, 1991): "Singularizar uno de los muchos valores de nuestra vida, elevarlo tan alto por encima del resto que debamos elegirlo a cualquier precio, es una de las muchas cosas que han sido llamadas romanticismo en la época moderna. Su típica expresión es el amor sexual". Añado por mi cuenta que la política es otra de ellas. Y por supuesto el aura romántica no disculpa ni aminora las barbaridades que en último extremo algunos posesos pueden cometer al dejarse arrastrar por su manía fatal: los celosos que asesinan a su pareja cuando decide abandonarles o los terroristas que matan sin escrúpulos a quienes se oponen al cumplimiento de su ideal son probablemente románticos en fase terminal y no por ello menos abominables.
De modo que el amor y la política son obnubilaciones arrebatadoras aunque socialmente imprescindibles, y por lo tanto las autoridades pretenden encauzarlas para minimizar riesgos. En cuestiones de amor se aconsejaba un noviazgo largo y casto (si es posible, dirigido por los padres de ambos), un matrimonio conveniente bendecido por la Iglesia ("es mejor casarse que abrasarse", San Pablo dixit), los hijos que correspondan, la resignación a un aburrimiento digno y sin encharcamientos sensuales.
Dentro de tales rutinas y normas el amor resultaba cosa productiva, tan edificantemente provechosa como la inversión en fondos del Estado. Fuera de ellas podía convertirse en una fiebre lujuriosa, destructiva, tal como atestiguan los tristes destinos de Emma Bovary o Anna Karenina. Y después lo mismo ocurre en política: quien sienta la comezón participativa, debida a una sobreexcitación de sus hormonas democráticas, debe afiliarse a un partido sólido y acrisolado, pasar en él los largos y abnegados años de meritoriaje, ascender poco a poco en la jerarquía burocrática, obedecer a los líderes hasta llegar a serlo uno mismo y sobre todo barrer siempre para casa. Por esta vía cualquier peón indocumentado adicto a la propaganda sectaria puede convertirse en un respetable hombre de Estado: ejemplos no faltan, miren a su alrededor.
En caso contrario, la pasión política asilvestrada lleva a los más atroces desvaríos: crispación, hacer el juego al adversario y sobre todo inoportunidad. Ninguna iniciativa política propuesta desde fuera de los partidos puede corresponder al espíritu del momento ni a lo que pide la situación presente, porque la oportunidad y lo que pide el momento presente son la principal manufactura monopolizada por los partidos. Fuera de la Iglesia no hay salvación, ni en el amor ni en la política... y así para siempre.
Bueno, para siempre no. Hace más de un siglo que los amores se libraron del corsé pudibundo y hoy leemos las desventuras de los viejos amantes con melancólico alivio. Esperemos que no haga falta otro siglo más para que la participación política reciba también de forma pública y efectiva la bendición del libertinaje.
Artículo publicado en el diario El País del día 14/08/08
Este lunes después de mas de dos meses apareció Johana una nena de tan solo 12 años que desapareció de la parada del colectivo que la llevaba todos los días a su colegio.
Desde el primer momento se pensó lo peor, que había sido raptada por gente con fines no muy sanos, para trabajar en redes de prostitución infantil, etc.
Al final la nena apareció en la frontera con Bolivia (país hermano) y porque ella misma se hizo presente ante una boletaría de micros donde le solicito al vendedor de pasajes que le haga una rebaja porque quería volver a su casa y no tenia mas dinero.
Ante la negativa obvia del empleado, la nena comenzó a llorar y le dijo que era la nena que se había fugado de la casa hacia dos meses y que estaba siendo buscada de forma constante por policía, gendarmería, missing children y otros organismos internacionales.
Lo mas loco de todo es que la nena cruzo la frontera, estuvo en Bolivia, y volvió a cruzar a nuestro país Argentina sin que un solo control la detuviera.
Por suerte la nena esta muy bien de salud, los motivos de su fuga son al parecer problemas familiares, lo cual no habilita el comportamiento de Johana.
Ahora de cualquier manera, ¿quien controla nuestras fronteras?.
Quizás Gendarmería? como es que se les puede pasar por alto una nena sola, o acompañada sin que le soliciten documentos, aclaremos que para pasar a otro país sin importar que sea fronterizo se debe presentar con documento ante la frontera del país, con lo cual al ser menor debe estar acompañada de sus padres, caso contrario tener un permiso de ambos, no de uno solo con lo cual tendría que ser imposible el cruce del país, y si a esto le sumamos que los documentos la nena no los tenia con ella en el momento de su fuga, que alguien me explique como pudo ser posible algo así.
Ahora la verdad no entiendo, estamos siendo custodiados por gente sin capacidad, sin voluntad, sin experiencia para ver una nena sola de 12 años cruzar sin verla, o bien estamos en un país en donde se perdió toda la noción de las reglas, procedimientos que se deben seguir, o lo ultimo que me queda pensar es que no hay control dentro de las fuerzas armadas y se toma a un gendarme en la carrera por tomarlo y no se les exige ni un mínimo de inteligencia.
¿Porque digo inteligencia? Muy simple, porque es imposible que se pueda pasar alguien menor tantos controles a no ser que se haya metido la nena en una valija lo suficientemente grande como para entrar en ella, y que además la dejaron pasar por vaya saber que cosa. Entonces es falta de inteligencia, negligencia, ignorancia, falta de voluntad, o tan solo vagancia al trabajo que juraron llevar adelante.
Si me preguntan mi opinión, creo que es una sumatoria de todas y me siento totalmente inseguro en mi país ya que no se puede controlar algo tan simple, como voy luego a pedir que la policía Federal como Bonaerense pueda combatir la delincuencia si las armas, drogas, etc pueden entrar al país como si fuera un paquete de verdura fresca.
¿Se entiende? es decir si desde las fronteras dejan pasar esto, que les puedo pedir, que se den cuenta si quieren pasar marihuana?, o quizás pasar armas, no hablemos de trafico de personas, porque ahí las cosas cambian porque hay una red que falsifica papeles documentación etc. Acá paso como quizá y nadie se dio cuenta.
Me dio mucha risa cuando destacaban a Gendarmería por el gran trabajo que realizo, en si no realizo ningún trabajo, la nena se podría decir que se canso de vagar y se entrego sola. ¿Que hizo Gendarmería? NADA.
Me gustaría saber la opinión de ustedes...
Para leer un poco mas del tema
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1043217
Ariel M. Corgatelli
Este viernes pasado se lanzaron en nuestro país Argentina los flamantes equipos de la empresa Apple.
Los valores por el equipo son dentro de todo aceptable más sabiendo que son equipos de gama alta.
Sólo que los valores de abono que tienen las dos empresas que lo trajeron son algo a mi entender elevados.
Obviamente no son equipos para cualquier persona ya que sus prestaciones son altas pero de cualquier manera no creo que mucha de la gente que hoy lo compré siga con ese contrato restrictivo y de esos valores por los 18 meses que las empresas dictan.
Mi opinión es simple los valores no están acordes a el presupuesto Argentino.
Sí alguien quiere hacer algún comentario adelante.
Ariel M. Corgatelli
Www.infosertec.com.ar
Y ojo que vivo en ella no en capital, antes que nada aclaró por los comentarios que puedan realizar.
Fíjense en la foto, hay una clara señal de tránsito donde dice prohibido estacionar, pero claro en la calle no arriba de la vereda.
Y para peor autos enfrentados.
Está foto fue tomada ayer 13 de agosto en caseros provincia de Buenos Aires, localidad en la cual vivo y además en donde tuve algunos problemas con agentes de la delegación ARBA dirigida por el amigo Montoya.
En fin saquen sus propias conclusiones.
Ariel M. Corgatelli
La verdad hoy me desayune con esta noticia, en donde nuestra
presidente si no firma un decreto hoy viernes sera el lunes. En donde
todo nuevo usuario de telefonía celular deberá dejar su huella digital
para la compra de una linea.
Es decir dicen que los mismos ahora son utilizados para cometer
ilícitos, si bien es verdad que en muchos o mejor dicho en la mayoría
de los casos son utilizados para ello, lo que no se tiene en cuenta es
que se seguirán utilizando y que un gobierno debería brindar seguridad
de otra forma no de esta. Yo me pregunto para comprar un nuevo teléfono
para mi nena menor ella tiene que ingresar su huella digital, o bien yo
como padre tendré que hacerlo.
Y otra cosa tengo que confiar mi huella digital a empresas que ni
siquiera son Argentinas, quien me afirma que no serán utilizadas con
otros fines, esto me suena a la misma locura de EEUU con las notebook
en las aduanas y que nuestra Presidente algo quería inventar.
Ojo son solo opiniones.
Les adjunto la fuente de la noticia y espero sus opiniones…